Testimonio de Sor Nicoline Aku Lindu
Desde la alegría de la niñez…
Sor Nicoline Aku Lindu. Esta es mi historia vocacional.
El deseo de ser religiosa comenzó desde que era niña pues siempre admiraba a las Hermanas que venían a vacunar a los niños de mi pueblo, Bifang, Camerún. La alegría de verlas era tan grande que los niños corríamos tras ellas pidiéndoles globos para jugar mientras cantábamos: «Hermanas, dennos globos; Hermanas, dennos globos». Me atraía su forma de vestir.
En el pueblo, tenía un tío al que le gustaba reunir a los niños. Nos hacía cantar y bailar. Después, nos preguntaba a cada uno qué queríamos ser de mayores, y yo siempre decía que quería ser como las Hermanas del Centro de Salud de Widikum, porque me gustaba su forma de vestir y de hablar.
Este anhelo de hacerme religiosa siguió creciendo en mi interior. Mi padre era líder de un grupo de la Iglesia llamado Cadetes de María, y era obligatorio que todos sus hijos pertenecieran a este grupo. Allí nos enseñaron la importancia de la oración, la figura de la Santísima Virgen María en nuestras vidas, cómo podíamos imitarla como modelo, y otros valores cristianos.
Al comenzar la secundaria, la idea de hacerme religiosa desapareció hasta que, estando en el bachillerato, fui a vivir con una familia en Widikum. Allí, las Hermanas Siervas de María visitaban al padre de familia todas las semanas, ya que estaba enfermo y postrado en cama. Al ver cómo lo cuidaban, rezaban con él y le daban la Sagrada Comunión, me conmovió ver lo feliz que estaba y cómo rezaba por las Hermanas en agradecimiento a sus continuas visitas.
Fue allí donde resurgió mi deseo de hacerme religiosa. A la siguiente semana, cuando llegaron las Hermanas, nos invitaron a mi amiga y a mí al convento, allí nos recibieron muy bien y nos preguntaron si podíamos unirnos a ellas para rezar. Recuerdo que no quería porque era tarde, pero mi amiga insistió en que nos uniéramos. Disfrutamos mucho de ese momento, pero al final, especialmente durante la Reserva del Santísimo Sacramento, me conmovió un himno camerunés basado en Jeremías 1,5 que dice:
«Antes de formarte en el vientre de tu madre, te conocía y te consagré».
Ese día mi deseo de hacerme religiosa creció aún más. Sentí la necesidad de compartirlo con un sacerdote, quien me aconsejó que rezara al respecto y que me concentrara en terminar mis estudios. Sin embargo, seguí visitando a las Hermanas los domingos para rezar con ellas, y tiempo después me uní al grupo vocacional de la parroquia, que era para quienes deseaban hacerse religiosos o sacerdotes. Allí fui elegida líder del grupo. Cuando terminé la secundaria, mi familia quería que continuara mis estudios universitarios, y ese fue el momento más difícil de mi vida para tomar una decisión. Les conté a mis familiares mi deseo; algunos se decepcionaron y me preguntaron si no me iba a casar.
Más tarde llamé al sacerdote para contarle lo sucedido; él me dijo: «Nicoline, todas las ideas son buenas, pero ¿qué quieres tú para tu vida?». Y me dio una reflexión muy contundente: «Si vas al convento y después de discernir descubres que no es tu lugar, puedes volver con tu familia después. Si quieres casarte, está bien. Pero si vas a la universidad, te enamoras de un chico y te casas, nunca irás al convento». A los pocos días, una de las Hermanas me invitó a una experiencia comunitaria de una semana y, al regresar a casa, decidí irme definitivamente al convento.
Ingresé el 29 de septiembre de 2016 con otras seis chicas y desde entonces vivo felizmente mi vida consagrada como Sierva de María Ministra de los Enfermos. Doy gracias a Dios por infundir en mi corazón el fuerte deseo de servirle a través de los enfermos y por usar las palabras del profeta Jeremías para hacerme comprender que me eligió antes de ser formada en el vientre de mi madre. Ruego cada día, por la intercesión de la Santísima Virgen María y de la Madre Soledad, nuestra Fundadora, para que me ayuden a vivir mi consagración con fidelidad y generosidad, guiada por el Espíritu Santo.
Sor Nicoline Aku Lindu




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