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Un día normal en la vida de una Sierva de María

  • Sor Lorena Álvarez Juárez
  • Aug 15, 2025
  • 3 min read

Updated: May 19

Partiendo del privilegio inmerecido de ser una mujer consagrada al Señor, primero desde el santo bautismo y luego mediante la gracia de profesar los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, como respuesta al inmenso amor de Dios, quien ha ratificado su elección de nuestra persona llamándonos a estar con Él, para enviarnos a comunicar su mensaje al prójimo, específicamente a los enfermos y su entorno, se puede decir que toda nuestra vida se desarrolla de manera cíclica, cada día. Es la eternidad misma que inicia y se renueva en un programa de salvación personalizada. Es una dicha que, a medida que el tiempo pasa, cada Sierva de María, en su SER y en su HACER, tiende, se encamina y alcanza a su Dios.


Sor Lorena Álvarez Juárez

Desde el amanecer hasta el anochecer, en “rutinas bien terrenales”, ya alcanzamos las celestiales. ¡Y pobre de aquella que desperdicie tanta gracia de Dios!


Para unas, la jornada comienza en la mañana; para otras, comienza en la noche, según el reloj. Sin embargo, para unas y otras, es solo un empalme, una vivencia y convivencia, misión continuada.


Por la mañana, la primera cita es en la capilla, en comunidad, para orar, meditar la Palabra y preparar el corazón para recibir lo más importante: el cuerpo de nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía. Entrar en comunión con Él, cuerpo a cuerpo, ser conscientes de que TODO DIOS Y TODO HOMBRE se han unido a cada una, es el regalo de su gracia, la más bella experiencia del día. Después de esto todo es poco, pero se convierte en mediación o cauce para que su venida siga dándose a cada una, sin medida, abrazándonos con mística y santidad.


Solo se puede percibir toda esta dimensión espiritual si dejamos que el Espíritu Santo nos guíe, mueva e ilumine, para ver con claridad en cada cosa terrenal su dimensión profunda. Después, durante todo el día, convivimos y compartimos nuestra peregrinación de la vida. Un momento importante es el de las comidas. El alimento espiritual precede al corporal; escuchamos la Palabra de Dios antes de comer. Así, cuando iniciamos una conversación y nos dejamos mover por el Espíritu, comentamos esa Palabra, nos evangelizamos mutuamente y, al atender a nuestras hermanas, comprendemos cómo escuchan la voz de Dios y cómo esa escucha nos ayuda. Es un deber de bautizados anunciar su mensaje. Ya ve, querido lector o lectora, cómo se cumple lo que al inicio de este artículo comenté. Los encuentros comunitarios de toda la jornada son precedidos y concluidos por la oración.


Sor Lorena Álvarez Juárez

En el desarrollo de tareas personales o individuales, cada Hermana puede, de manera silenciosa y meditativa, ofrecer pequeños servicios a Dios, presente en las hermanas de comunidad y en los hermanos enfermos. La realidad de las comunidades religiosas en general conlleva una mayor presencia de miembros mayores y enfermos. Por ello, para una Sierva de María, la misión es continuada. En casa y en los domicilios donde somos enviadas, siempre estamos en contacto directo con el Divino Enfermo, como solemos llamarle, pues es Jesús mismo en cada uno de ellos. Aquí es donde se mide el crecimiento en virtud y el perfil de Sierva, pues este exige ser desprendidas, abnegadas, sacrificadas, sencillas, y salir de nosotras mismas. Una auténtica mística para vivir en contemplación, y una auténtica apóstol para que la contemplación del Jesús necesitado se convierta en servicio constante, que haga manifiesta la cercanía amorosa de Jesús redentor y sanador, presente en la Sierva que asiste y manifiesta a Jesús sufriendo en la cruz, ahora en la enfermedad con todos sus matices y consecuencias. Esta imagen doliente se revela a la Sierva para que experimente el gran amor con que fue comprada su salvación. Por eso decía antes: ¡Ay de mí si no me doy cuenta de cómo se me presenta el Señor y de toda su gracia en esas realidades terrenales, corporales y poco místicas, pues la mística verdadera es consecuencia de esa rutina de oración constante, que debe ser plenamente aprovechada por la Sierva de María!


La jornada nocturna de una Sierva en vela cambia únicamente en sus actividades, que son particulares con su Divino Enfermo y en los espacios donde se desarrolla su misión. Es tiempo de salvación, como afirma el himno de vísperas. Y se convierte en preparación para el encuentro con Jesús Eucaristía y con las hermanas, que también son Jesús. Por tanto, es una responsabilidad ante Dios, una respuesta a su constante venida, para acoger sus gracias y que estas se manifiesten en frutos de buen espíritu religioso en una auténtica Sierva de María.


AMGD


Sor Lorena Álvarez Juárez

S. de M.

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