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Ser Iglesia en el cuidado del enfermo

  • Writer: SOR Elvira Pérez
    SOR Elvira Pérez
  • Aug 7, 2025
  • 4 min read

Updated: Jun 7

La Iglesia continúa en la historia la obra de evangelización que Cristo inauguró con su venida a este mundo y con el envío de los apóstoles. Cada vocación religiosa se desarrolla dentro de la Iglesia y vive, en su propio carisma, su esencia y directrices. La diversidad de apostolados abarca y complementa todos los ámbitos de esa evangelización integral de las personas, pues Cristo quiere que todos los hombres se salven y gocen eternamente de su Reino. “Los religiosos cuiden con atenta solicitud de que, por su medio, la Iglesia muestre de hecho mejor cada día ante fieles e infieles a Cristo, ya entregado a la contemplación en el monte, ya anunciando el reino de Dios a las multitudes, o curando a los enfermos y pacientes y convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los niños y haciendo bien a todos, siempre, sin embargo, obediente a la voluntad del Padre que lo envió”. (LG 46)


El ministerio de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, va dirigido a la etapa que todas las personas hemos de vivir en algún momento de la vida: la enfermedad y el sufrimiento. Etapa que envuelve la incertidumbre, las preguntas, el miedo, el dolor físico y moral, el cambio de las rutinas y relaciones diarias, el ajuste a impedimentos que sobrevienen deprisa o lentamente. Es ahí donde la Sierva de María Ministra de los Enfermos, enviada y en nombre de la Iglesia, le hace presente y muestra que esta misma Iglesia se preocupa por sus hijos e hijas, no les abandona en este período crítico de la existencia y les lleva la paz y esperanza que trae nuestra fe, como bien decía nuestra fundadora, Santa María Soledad: El sufrimiento es camino que lleva al cielo”.


Siervas de María

“La Iglesia ha nacido con el fin de que, por la propagación del Reino de Cristo en toda la tierra, para gloria de Dios Padre, todos los hombres sean partícipes de la redención salvadora, y por su medio se ordene realmente todo el mundo hacia Cristo. Toda la actividad del Cuerpo Místico, dirigida a este fin, se llama apostolado, que ejerce la Iglesia por todos sus miembros y de diversas maneras; porque la vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado” (Ap Act 2). En efecto, Cristo mismo en su ministerio público ejerció todos los apostolados: el de la oración, la enseñanza, servicio al pobre, curación de los enfermos, consuelo a los tristes y desamparados, expulsión de los demonios, etc. Y su legado a la Iglesia fue completo, para que efectivamente la evangelización llevara a todos los hombres a la salvación. En este abanico de apostolados, las Siervas de María Ministras de los Enfermos, portadoras de los bienes de la Iglesia, acuden al lecho del enfermo para anunciarle la buena nueva de salvación: “Curad a los enfermos y decidles: el Reino de Dios está cerca de vosotros” (Lc 10,9). Pero la evangelización que portan las hijas de Santa María Soledad, como Iglesia, no se limita a la persona del enfermo, sino que abarca a toda la familia, también afectada por este misterio del dolor. Con su servicio incondicional y escucha paciente y amorosa, la Sierva, busca llevar el consuelo cristiano a la familia y le ayuda a cargar la cruz, como el Cirineo lo hizo con Jesús.


Sol Elvira Pérez
Sol Elvira Pérez

Cada Sierva de María, Ministra de los Enfermos, ejerce el sacerdocio bautismal no solo en la Celebración Eucarística de la Iglesia, sino que lo continúa unida a la Iglesia, en la residencia o centro en que se encuentre el enfermo que va a asistir. Junto al altar, que es el lecho del enfermo, ofrece a Dios, el sufrimiento de este unido a Cristo para que, en remisión de sus pecados y los de la humanidad, sea admitido a la gloria eterna. Es también canal de la gracia de los sacramentos, sirviendo de preparación e introducción del sacerdote para administrarlos. Junto a él hace que la paz de Cristo retorne a los hogares rotos y desesperados. 

La Iglesia misma acoge y acompaña la vida consagrada, con su peculiar entrega al servicio de Dios en la humanidad. Los votos religiosos se pronuncian en la Liturgia eucarística y son consignados en el Dicasterio correspondiente, las casas religiosas son reconocidas por ella, y no ha de ser menos el ministerio de cada congregación u orden. En nuestro caso, es la Iglesia, la que, a través de la Religiosa, se hace presente en cada hogar, en cada centro en que los enfermos son confiados a nuestros cuidados. No vamos solas, somos enviadas por la Iglesia y el Instituto y con ella ejercemos la misión de caridad propia de nuestra vocación. 

María, Madre de la Iglesia, es nuestra Maestra y a ella queremos imitar con su “estar” junto a la cruz. Hacemos cuanto ella hubiera deseado hacer por su Hijo amado en la cruz: limpiarlo, acariciarlo, darle de beber, brindarle un lecho confortable, curar sus heridas, etc. Intentamos ser ese icono de María junto a la cruz del enfermo y cuando ya no podemos hacer otro servicio, solamente “estar”: contemplando, trascendiendo, asistiendo y ofreciendo. 


La misión de la Sierva de María, Ministra de los Enfermos, no es una misión compartida con la Iglesia, es la misión de la Iglesia misma. Ella la ejerce como hija de la Iglesia por el bautismo y la profesión de los votos religiosos que le añade una especial radicalidad. Con ella, hacemos vida la consigna evangélica que Cristo vivió y dejó como particular requisito para entrar en el Reino: “Vengan, benditos de mi Padre, reciban el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo”. Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; fui forastero, y me recibiste; estuve desnudo, y me vestiste; enfermo, y me visitaste; en la cárcel, y viniste a verme”.      

Madre Elvira Pérez Pere. S de M.


Sol Elvira Pérez

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