El sorprendente beneficio de valorar a los adultos mayores. Algunas premisas para conseguirlo.
- Dr. Marcelino Antonio Cristo Núñez.
- Jul 24, 2024
- 6 min read
Updated: Jun 6
Desde hace varios años se viene constatando a nivel mundial una marcada disminución de los índices de mortalidad en la población general, y en particular en el grupo de las personas mayores, así como un mejor control de algunas enfermedades agudas y crónicas. Numerosos analistas coinciden en señalar que esto se debe, en parte, al desarrollo tecnológico y a la mejora en el funcionamiento de algunos sistemas sociosanitarios, lo que contribuye al aumento de la esperanza de vida. Otros factores como la disminución de la natalidad y los flujos migratorios, entre otros, han condicionado un acelerado crecimiento del número yla proporción de personas mayores de 60 años, a las que comúnmente se les llama adultos mayores o simplemente personas mayores.
El envejecimiento se ha definido como un proceso universal que atañe a todo ser vivo, individual, cada quien envejece de forma única, lo que nos hace a su vez diferentes; progresivo, irreversible, al mismo tiempo se considera trascendental en nuestras vidas. Si bien es cierto que a medida que envejecemos experimentamos cambios biológicos, psicológicos y sociales, así como podemos presentar mayor número de enfermedades crónicas que condicionan deterioro funcional y un mayor grado de discapacidad, también lo es, que estas condiciones pueden acompañar a personas desde edades muy tempranas de la vida. Por otra parte, se reconoce que existe un grupo importante de personas mayores que envejecen manteniendo un nivel de desempeño físico y mental (validismo y autonomía) que les permite continuar realizando actividades productivas, contribuyendo al desarrollo y bienestar de la familia y la sociedad más allá de los 65 años.
En el imaginario social, con mucha frecuencia, se ha considerado que las personas mayores tienen poco que “aportar”, a menudo son vistas como una “carga” para la familia y la sociedad; otras veces sostienen que el trabajo y la vejez parecen ser realidades opuestas. Estas y otras “creencias” han generado numerosos estereotipos negativos relacionados con la vejez y el envejecimiento, razón por la cual consideramos importante reflexionar en torno a las múltiples ventajas que representan para nuestras familias y la sociedad las personas mayores.
Es importante destacar, en primer lugar, que los adultos mayores son seres dignos y trascendentes, por lo tanto, merecedores de respeto y consideración. Para los cristianos, es reflejo del amor infinito de Dios por la humanidad y, a su vez, un llamado al “respeto incondicional a cualquier forma de vida”, independientemente de cualquier condición o circunstancia.
Los agradecidos reconocemos que sociedad en la que vivimos ha sido forjada con las manos de los que hoy son “adultos mayores”, ellos han participado en nuestra educación, con su sabiduría y experiencia continúan permeando de “saberes” los avances tecnológicos que hoy disfrutamos, nos ayudan a deslindar las fronteras entre lo “técnicamente posible” y lo “éticamente aceptable” por lo tanto, constituyen “una pieza” de inestimable “valor” en la sociedad.
Por suerte, algunas culturas apuestan por reconocer las ventajas y aportes de los mayores, como transmisores de sabiduría y experiencias. Es conocido que, en muchos casos, los adultos mayores son los encargados de mantener unida a la familia, dan consejos y apoyo emocional a sus miembros, cuidan a los más pequeños, incluso a otros mayores, además de ayudar económicamente con los gastos domésticos. Durante los años de crisis han sido precisamente ellos, en muchas ocasiones, el único sostén económico de muchas familias.
En definitiva, suponen un importante beneficio para el entorno familiar y social. Por ello, mantenerlos integrados en la sociedad, es una oportunidad para mejorar y aprender de sus experiencias. Es importante sensibilizar sobre las injusticias que sufre este colectivo y alertar sobre el riesgo intergeneracional de desigualdad vinculado a la vejez.
Por ello, es necesario promover cambios del paradigma que representa ser una persona adulta mayor hoy, los retos y oportunidades que la sociedad les ofrece a estas personas, de manera que les permitan reconocer su potencial transformador del presente y del futuro. En este sentido, el aprendizaje permanente, la propuesta de medidas laborales proactivas y adaptativas, la protección social y cobertura sanitaria de calidad y universal son algunos de los cambios que estamos llamados a potenciar.
También es fundamental cambiar la manera de tratarlos, integrándolos más en la sociedad. Es importante que reciban mensajes positivos, sin actitudes que menosprecien su condición de mayores. Debemos valorar el envejecimiento no como una etapa de la vida, limitada por una determinada edad cronológica, sino como un proceso por el que necesariamente todos atravesamos, lleno de oportunidades.
El reto será que las personas, en la medida en que envejecemos, nos mantengamos activos y productivos y podamos participar en todo aquello que nos proporcione calidad de vida. Esto implica desarrollar soluciones avanzadas que potencien la mejor autonomía posible, en entornos de mayor seguridad, libres de prejuicios y estereotipos negativos.
Finalmente creemos que es posible que las personas mayores, lejos de sentirse poco útiles en la sociedad, consigan envejecer de un modo que les beneficie y que el envejecimiento no implique una etapa de sufrimiento y limitaciones. Los mayores deben tomar conciencia de sus derechos y deberes, debemos permitirles que puedan libremente decidir con quién y cómo quieren vivir y así conseguir una vejez satisfactoria.

Algunas premisas para ayudar a valorar mejor a los adultos mayores.
Será preciso reiterar la necesidad de comprender, en primer lugar, que aunque todos envejecemos, cada quien lo hace de manera diferente. Este es un principio básico para entender el envejecimiento: “No hay vejez sino vejeces”.
Identificar si existe alguna condición de riesgo para la salud o grado de fragilidad, para lo cual será necesaria una evaluación especializada que ayude a determinar las necesidades de cuidados específicos. La edad de la persona en ningún caso debe ser motivo de discriminación o exclusión. En dicha evaluación se deben considerar: salud física y mental, incluyendo aspectos éticos como la espiritualidad, intereses, creencias, valores, nivel de independencia para realizar las actividades cotidianas, aspectos económicos y sociales, entre otros.
Respetar la intimidad y privacidad de cada adulto mayor. Todas las personas tenemos derecho a tener nuestro propio espacio para estar solos, a ser respetados y tratados con dignidad, a tomar decisiones por nosotros mismos (mantener la autonomía) en cualquier momento y escenario de nuestras vidas.
Fomentar los espacios de participación e interacción social adecuados, para evitar que la soledad sea motivo de depresión y de aislamiento.
Valorar la participación de las personas mayores en el seno de la familia y la sociedad de forma justa, reconociendo su contribución al desarrollo social.
En caso de que la persona mayor requiera cuidados especiales, debemos prestar atención a la manera de cuidarla y atenderla, respondiendo a sus necesidades y sentimientos, Debemos ser pacientes, compasivos y empáticos, aprender a escucharlos y acompañarlos.
Promover la autenticidad como la base de la relación de ayuda. La autenticidad se asienta en habilidades como la escucha activa, la espontaneidad, la asertividad, la cercanía, la gestión de conflictos y la empatía, permitiendo que la persona mayor se identifique con el cuidador, acortando distancias emocionales entre ambos. Del mismo modo, es relevante ofrecer un sentido positivo al cuidado, vincularlo al desarrollo personal, a la satisfacción de ayudar al otro y procurar la “excelencia” en el trato a las personas mayores.
Impulsar en el seno de la familia y la sociedad valores como el respeto, la honestidad, la justicia, la dignidad, entre otros. Tenemos la obligación de tratar a todas las personas mayores con el mismo amor con el ,que nos gustaría ser tratados.
Otro de los desafíos es que los mayores se sientan activos y acompañados. Para eso es necesario desarrollar una estrategia que permita lograr un envejecimiento activo y saludable, permaneciendo, de ser posible, en su hogar y sin perder la vinculación diaria con su entorno.
Tener presente que para cuidar a los adultos mayores no solo se requieren habilidades técnicas, sino también una profunda empatía y comprensión de sus necesidades y deseos. Se puede garantizar que nuestros seres queridos disfruten de una vejez digna, plena y enriquecedora. La atención a las personas mayores no solo es una responsabilidad social, sino una expresión tangible de nuestro respeto y gratitud hacia aquellos que han construido nuestras comunidades y han enriquecido nuestras vidas.
Como te prometimos al inicio, ahora revelaré un hecho sorprendente: cuidar a los adultos mayores no solo es beneficioso para ellos, sino también para quienes los cuidan. Estudios han demostrado que las personas que cuidan de adultos mayores experimentan un aumento en su satisfacción personal, enriquecimiento emocional y una mayor conexión con sus seres queridos. Incluso, cuidar de los adultos mayores puede tener un efecto positivo en la salud mental y emocional de los cuidadores.
Quisiera terminar estas notas parafraseando un testimonio de una cuidadora que en lo personal me ha cautivado: “…en mi experiencia personal he descubierto que los adultos mayores te enseñan cómo hacer mejor una parte del viaje que tú también harás un día…”
Dr. Marcelino Antonio Cristo Núñez.
Especialista en geriatría y gerontología.




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