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Sor Rosario: El Llamado de Dios en la Vida

  • Writer: amor que sana
    amor que sana
  • Jun 19, 2025
  • 3 min read

Updated: Mar 29

Sor Rosario – S. de Mª


ES IMPOSIBLE CONOCERLE Y NO AMARLE, AMARLE Y NO SEGUIRLE

Testimonio de Sor Rosario

Cristo sigue llamando. Si la persona queda convencida de que es Él quien le llama, no habrá nada que obstaculice ese seguimiento, aun en medio de luchas interiores y exteriores. Cuando Dios elige, capacita a la persona para realizar una misión. Aquí alcanza la cumbre el amor gratuito de Dios, que nos identifica con Él. Todo es don.


Nací en una familia cristiana. Desde muy pequeña, Dios se ha encargado de ir marcando las «señales» en el camino. Una señal muy clara para mí fue mi abuela, a quien yo acompañaba a la iglesia; conocí a grupos de jóvenes servidores de la Palabra, al que después pertenecí. En ese ambiente, un día pregunté a un seminarista: ¿Conoces a monjas? ¿Qué hacen?


Él me invitó a un encuentro diciendo: «Tú vas y ves». Fui a ese encuentro que duró 4 días. El Señor tocó mi corazón. Era la primera vez que asistía a un encuentro reuniendo a un gran número de congregaciones. Había, sobre todo, una monjita pequeña vestida de negro, quien robaba mi atención, pues a pesar de sus vestiduras austeras, transmitía una alegría profunda que no vi en las demás. Al final del encuentro señalábamos al menos tres institutos; yo anoté: 1.º Siervas de María, 2.º y 3.º unas misioneras.


El tiempo pasó y un día recibí carta de las Siervas de María; me invitaban a un retiro. Asistí varias veces, pero estaba hecha un mar de dudas, y en una entrevista la promotora me dijo: ¿Cuáles son tus propósitos? Un sí a Dios no puede ser sí y luego no. De momento dejé de asistir a los retiros hasta que llegó la hora de Dios. Un día de confesión, el padre, sin yo decirle nada, me habló de la consagración, lo cual infundió en mí un gran valor para romper con todo. Volví a comunicarme con la promotora y en una semana ya estaba otra vez en el convento tocando la puerta.

Sor Rosario

El Señor me dio la gracia para superar los obstáculos. Era una lucha entre el «sí quiero» y el «no puedo dejar lo que tengo», y las dudas que constantemente me acechaban.


El Señor me probó de diferentes maneras. Una de ellas fue la oposición de mi padre, hasta el punto de dejarme de hablar, aunque después de un tiempo el Señor tocó su corazón y, con dolor del alma, me dio el permiso para entrar.


Mi madre no se opuso, y aunque le costaba, me dio su bendición ante la imagen de la Virgen, quien era testigo de la entrega que hacía en su hija y lo que esto significaba para ella. Tenía claro que era Dios quien me llamaba, y al preparar todo sentía una inmensa paz. Cada paso era como una cuenta que se añadía en el rosario del amor misericordioso en mi vida. Cada «sí» ha supuesto sus respectivas renuncias a «cosas y personas» que, aunque buenas, era Dios mismo el que se me daba.


Entré en el postulantado y se me pidió dejar mi tierra. Salí con alegría y entusiasmo. Era otra prueba más que Dios me pedía: el abandono y confianza en sus planes. Así, viviendo el noviciado y la profesión, no he dejado de experimentar su amor cercano en todo tiempo, pues el «Yo estaré contigo» y «Él es fiel» han cumplido su palabra. Me sigue llamando, y ahora para una vida más plena, identificándome con su amor: «Yo quiero decir que sí como María.»


En este año jubilar paulino, pronunciaré mis votos perpetuos como Sierva de María, Ministra de los Enfermos.

Dios no se fija en la grandeza de las personas, ni en el poder del pueblo. La elección de Dios solo tiene una explicación: su amor gratuito.

La vocación, la elección, no es fruto de una conquista humana, sino que es pura gracia de Dios. Dios es amor y regalo. Si escuchas su llamada, ¡síguele!


Sor Rosario

S. de Mª

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