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Carta 9: Madre Soledad a la Comunidad de Valencia

  • Writer: amor que sana
    amor que sana
  • Aug 29, 2025
  • 4 min read

Updated: Jun 7

A la Comunidad de Valencia


Figura en el encabezamiento de esta carta un hermoso grabado y, debajo, la frase: “Yo soy tu salud y tu recreo en el jardín de mis fieles esposas, Siervas de mi Madre”. Así se entiende el comienzo de la carta: “Ya va delante quien cuida de todas”.


Son días en plena Navidad y la carta reviste el aire festivo y profundo con que la Madre deseaba se vivieran estos días: “Mucho me alegro estén buenas y las pascuas las celebrarán bien y contentas, dando calor al Divino Infante con el fuego de la caridad de que estarán inundados los corazones de todos, todos de ustedes, dándole tan buen hospedaje que le obliguen a permanecer siempre en ese portalejo pequeño, pero muy grande si nosotras queremos; sí, querer es poder”. Refleja el esfuerzo de la Madre por atender a las visitas, pues como bien señala ella: “Tenemos que ser para todos, puesto que de todos dependemos”. Sin que por ello sufra detrimento el despachar la correspondencia a sus hijas.


En todas las cartas dirigidas a Valencia, no olvida Madre Soledad enviar su sincero recuerdo a esas personas que tan cercanas se han mostrado y tanto apoyo han sabido aportar a las Hermanas desde los primeros días de esta fundación.


J. H. S.

Yo soy tu salud y tu recreo en el jardín de mis fieles esposas, Siervas de mi Madre.

Comunidad de la casa de Valencia 4 de enero de 1878


Mis queridas en el Señor: Ya va delante el que cuida de todas y las saluda en mi nombre, pagándolas al mismo tiempo lo que hagáis por esta pobre vieja.

Mucho me alegro de que estén bien y las Pascuas las celebrarán bien y contentas, dando calor al Divino Infante recién nacido con el fuego de la caridad de que estarán inundados los corazones todos, todos de ustedes, dándole tan buen hospedaje que le obliguen a permanecer siempre en ese portalejo pequeño, pero muy grande si nosotras queremos; sí, querer es poder.


Por esta tenemos de todo; con respecto a la salud hay algunas Hermanas delicadas con catarros y en cama, aunque no de cuidado, pero las demás no se privan de divertirse y cantar las misas de pastorela con Nicolás: la del Gallo, Pastores y Mayor, y con doña Ángeles los demás días, dispuestas a continuar con la de Reyes por despedida de Pascua. Las pobres no sé cómo tienen ganas de ello, pues están sin parar de asistir, ya que son tantos los pedidos que no se pueden atender a todos, sólo la juventud y la fuerza de voluntad.


Al Padre don Juan lo saluda usted y le da las gracias por la felicitación y desea el alivio de su señor padre. A don Francisco Tarín, que esté completamente bien. A Sor María de San Ignacio, dígale usted de mi parte que ponga las señas, aunque sea aparte, cuando escriba a sus padres, pues para dirigir la carta siempre tengo que mirar la fe suya por el nombre de su padre. Lo mismo con otra que ocurra puede usted hacer.


Cuando usted me escriba, dígame el resultado de las visitas que Sor Dolores haría a las personas que ustedes creyeran convenientes y qué hermana fue con ella, si dejó el terreno preparado para la cosecha que ustedes deberán recoger a su tiempo. Esta es temporal, sin olvidarse de la espiritual, que generalmente van juntas: una para la bolsa y otra para el espíritu. Entre tanto, nada se pierde.


No deje usted de mandarme el documento que firmé y quedó en casa del escribano, tan luego como este lo despache, y una simple copia de la escritura, es decir, las principales condiciones, si es que esos señores no lo hacen; pero esto el señor don Juan lo entenderá mejor y lo hará, para lo cual uno de estos días le escribiremos. Porque, hija mía, estos días, desde que vine, es un mareo con tanta gente que no me dejan ni poner dos líneas, y para poner esta no sé ya las veces que lo he dejado y lo que falta; y como son días de Pascua, en que siempre traen algo, y ya sabe usted que siempre quieren ver a las Hermanas, especialmente a las conocidas, que si no las ven ya van descontentas. En fin, con estas visitonas me traen mareada y la pobre pata mía se cansa, pero ¿cómo ha de ser? Tenemos que ser para todos, puesto que de todos dependemos, y más de algunas ñoñonas que tienen el mimo por aliento, como la que usted conoce, que dice que quiere una hermana que le haga mimos cuando esté mala, como su mamá se los daba; con que usted comprenda si son…


Para más descanso, el 24 de este se inaugurará el Hospital Homeopático y tengo que encargarme de los utensilios de cocina y no sé qué más, con que vámosle dando.

Les mando los santos que les tocaron este año, por si es el último, no se olviden de mí. Basta por hoy, que si me dejan mandaré esta, pero creo que no, puesto que ya me interrumpen las visitas. Continúo con mi carta, y son las ocho de la noche, hora en que, menos mal, me dejan las gentes.


El Padre lleva unos días que apenas está en casa, por lo que aún no ha podido escribir al señor Provisor y piensa hacerlo, como también al señor don Juan y don Francisco Tarín. Estos días parece que todas estamos como de Pascua, sin parar. Basta, que no veo.

Reciban todas las expresiones de estas Hermanas extensivas a esas y a todas las consabidas, incluso don Juan, su señor padre y el señor de Tarín, y ustedes, hijas mías en el Señor, reciban el afecto de esta su afectísima Madre.


Soledad Torres


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