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Carta 13: Carta de Madre Soledad a Madre Gracia Vinuesa

  • Writer: amor que sana
    amor que sana
  • Sep 27, 2025
  • 3 min read

Updated: Jun 7

A Madre Gracia Vinuesa3 de julio de 1880


Escribe Madre Soledad esta carta desde la recién fundada casa de Granada. Manifiesta a Madre Gracia Vinuesa su admiración por la familia de doña Josefa López Moreno de Eguílaz. Dicha señora había dispuesto en su testamento que se costeara la instalación de las Siervas de María en la ciudad. Apenas ha pasado un mes de su fallecimiento y ya las Hermanas disponen de una hermosa y amplia casa “con jardín y cinco caños de agua” en la calle Solares número 4, desde donde las Siervas empiezan su andadura por Granada a partir del 30 de junio de 1880.


Esta carta está transida de agradecimiento a la Divina Providencia, que se muestra tan solícita por las Siervas. “¿Con qué y cómo vamos a corresponder?”, se pregunta la Madre, para dar ella misma la respuesta a renglón seguido: “Con bien poco se le complace, conque cumplamos como debemos con nuestros deberes de esposas y Siervas, cada una en sus respectivos estados y ocupaciones, cuidando de que seamos cada día más celosas por su honra y gloria”. Y aún esto es gracia, por eso añade: “El Señor nos dé su santa gracia para cumplirlo así”.


Todo sea por Jesús, María y José,

Siervas de María.

Granada

A la Madre Gracia Vinuesa,

Superiora de Valencia

3 de julio de 1880


Mi siempre apreciable hija en Cristo Sor Gracia:


Salud la deseo en el mismo. Tengo presente la carta que usted mandó al Padre, quien me la remitió a mí, en donde permaneceré algunos días hasta que se concluyan de arreglar algunas cosillas.


Sí, hija mía en el Señor, es una cosa extraordinaria, pues estos señores, que son la familia de la señora difunta quien dispuso se costeara una fundación, hoy hace un mes que falleció, y el viudo, en medio del gran sentimiento que tiene por la falta de su señora esposa —que, según todos, era una santa—, así es, que tenemos una hermosa casa con jardín y cinco caños de agua hermosos y, tanto a la casa como a las Hermanas, les costea el alimento por un año. Pone los muebles, paga los viajes, la instalación. En fin, no saben qué hacerse con las Siervas, pues tanto la población como, especialmente, las autoridades eclesiásticas y civiles nos recibieron bien y se ofrecieron a protegernos.


En este año se preparan las suscripciones y se buscan recursos para continuar, sin perjuicio de que esta familia —creo— no dejará de ser un chorrillo continuo, pues, si las Siervas se portan como deben portarse, no les faltará nada. No tanto de estos señores, que son toda la familia muy religiosa, sé que son muy visibles y conocen a todos los principales, por lo que unos y otros se estimulan para la suscripción y para ver de adquirir algunas cositas. Todo sea para honra y gloria de Dios, bien de las almas y santificación de las Siervas. Amén.


Madre Soledad

Mucho me he alegrado de que en tan memorable día tuviesen ustedes la inauguración de la hermosa capilla, según usted dice. Mientras tanto, nosotras lo pasamos en esta con mucha satisfacción, pues Dios nuestro Señor así lo dispuso, teniendo también la dicha de adorar el lienzo del santo precursor Bautista que se venera en esta catedral.


Para colmo y conclusión de esta casa sólo falta ahora que nos ocupemos de la escritura de esta casa, que, como usted sabe, está a nombre de Manuela Torres y debe estar a nombre de la Comunidad, es decir, de la Superiora en nombre de la Comunidad, como lo tenemos en la Casa Madre. Pero eso no le inquiete a usted, pues, Dios mediante, ya nos ocuparemos de eso.


¡Ay, hija mía en el Señor! ¡Y cuánto se ocupan las criaturas de la tierra en buscar y dar cositas para que a estas pobres e ingratas Siervas de María no les falte nada! Dios nuestro Señor, que continuamente está velando por nosotras, ¿con qué y cómo vamos a corresponder a tantas y tan grandes cosas? Con bien poco se le complace, con que cumplamos como debemos con nuestros deberes de esposas y siervas, cada una en sus respectivos estados y ocupaciones, cuidando de que seamos cada día más celosas por su honra y gloria. El Señor nos dé su santa gracia para cumplirlo así.


Si usted me escribe aquí, puede hacerlo con las señas siguientes: a mi nombre, calle Solares, número 4, Siervas de María, Granada.


Salude usted a las Hermanas de mi parte, al Padre Juan y a su familia —que Dios nuestro Señor les premie lo que se desvelan por ustedes—, al Padre Tarín, a Don Juanito y a todas esas personas que usted comprenda que debe saludar de mi parte.


Y usted lo que guste de estas Hermanas y de su afectísima en Jesucristo.


Soledad Torres



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