Carta 3: Defensa de las Siervas de María ante el Arzobispo de Toledo
- amor que sana
- Jul 19, 2025
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Updated: Jun 7
Al Señor Cardenal Arzobispo. – Madrid, octubre de 1865
Son frecuentes en este tiempo los brotes de cólera en España. Revisten una fuerza alarmante los que tienen lugar en 1865 y 1885. Las Siervas de María hacen derroches de caridad para cubrir todas las peticiones de asistencia que reciben. Acuden solícitas a los conventos de clausura, donde las monjas son víctimas del implacable cólera morbo. En uno de los monasterios son tan admiradas, que no aciertan las religiosas a prescindir de las Siervas, y hay un marcado empeño en que permanezcan para siempre entre las monjas.
La Madre Soledad y el Padre Ángel manifiestan, con esta carta al Cardenal de Toledo, el desconcierto y la desconfianza que esta situación ha creado.
Son líneas cargadas de realismo, energía, respeto al Prelado y amor sin reservas a la Congregación, por cuyo futuro velan y se desvelan tanto Madre Soledad como el Padre Ángel Barra.

Al Señor Cardenal Arzobispo de Toledo octubre de 1865
Eminentísimo Señor:
A primera vista, Eminentísimo Señor, parece ser un acto de gratitud hacia quienes han prestado sus servicios; pero en realidad, ¿quién no conoce que es una ingratitud hacia la Comunidad, que se ha esmerado en servirlas en medio de sus mayores apuros, y que en pago le quitan dos miembros de los más útiles?
Las religiosas y los que hayan intervenido en este negocio no han debido reflexionar bien sobre los perjuicios que ocasionan a esta Comunidad. Deben obrar de buena fe, pero los que suscriben conocen muy bien lo trascendental que es esto para la Congregación. Con este hecho, unos espíritus se abaten, otros se alarman, y en todos queda un profundo sentimiento; de suerte que ahora, que gracias a Dios se encuentra esta Comunidad —y toda la Congregación— en el mejor orden, y animadas todas las Hermanas con los mejores sentimientos de caridad, como lo prueba la epidemia reinante, nos exponemos a que, luego que se sepa este comportamiento, decaigan los ánimos y retrocedamos mucho del terreno que habíamos avanzado.
¿Con qué confianza, Eminentísimo Señor, mandaremos Hermanas a otro convento, si deja pasar el hecho que nos ocupa? ¿No nos exponemos a que se disuelva la Congregación si las religiosas que pidieran nuestro auxilio se fueran quedando para sí con las Hermanas que les mandáramos para favorecerlas?
Porque, Eminentísimo Señor, o esta Congregación, es tenida en algo o en nada: si esto último, disuélvase; y si lo primero, protéjase para que sea lo que debe ser.
Madre Soledad Fr. Ángel Barra




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