Carta 22: Madre Soledad Torres y la misión en Santiago de Cuba
Introducción

En 1882, la fama de las Siervas de María en Santiago de Cuba crecía con cada día de servicio. Las familias solicitaban su ayuda, el Arzobispo las estimaba y se vislumbraba incluso una nueva fundación en La Habana. Pero las manos eran pocas y las necesidades, muchas.
Ante esa realidad, Madre Soledad Torres escribió a las comunidades de la Congregación con una invitación singular: quien lo sintiera en su corazón, podía ofrecerse para cruzar el Atlántico. No exigió nada ni quiso obligar a nadie. Pidió que cada Hermana respondiera en una esquela cerrada, en libertad y en silencio, sin presiones a favor ni en contra, “siguiendo los impulsos de su corazón por el movimiento de la gracia de Dios”.
Esa carta, escrita desde la confianza en la generosidad de sus hijas, revela el espíritu que da vida a esta obra: el servicio que nace del amor libre, la entrega que no se impone sino que se ofrece, y el deseo de que todo resulte “para la mayor honra y gloria de Dios y santificación de las almas”.
Hoy, en Amor Que Sana, queremos compartir ese mismo espíritu. Este espacio es una invitación a conocer la historia, la espiritualidad y el legado de quienes, como Madre Soledad y las Siervas de María, hicieron del cuidado del prójimo un camino de santidad.
Carta 22 - Madre Soledad Torres
La buena fama que se van granjeando las Siervas de María en Santiago de Cuba hace que se multipliquen las solicitudes de familias que piden sus servicios, incluso está en perspectiva una fundación en La Habana.
Madre Soledad consciente de lo que supone salir a Ultramar, no quiere obligar a nadie, le basta hacer llegar una invitación a cada Comunidad, pues sabe que la generosidad de sus hijas no tiene medida y si ella respeta, tiene todo el derecho para “prohibir, en virtud de santa obediencia, decir cosa alguna ni en pro ni en contra a ninguna Hermana sobre este particular, sino dejar a cada una que siga los impulsos de su corazón por el movimiento de la gracia de Dios”.
Siervas de María
Madre Superiora de la Comunidad de Valencia
5 de enero de 1882
En la primera ocasión en que se reúna esa Comunidad de su cargo, y será lo antes posible, leerá usted lo siguiente:
Siendo corto el número de Hermanas en la Comunidad de Santiago de Cuba para atender a las necesidades de la población y viendo lo queridas, estimadas y favorecidas que son las Siervas de María en dicha ciudad, especialmente por su Prelado el excelentísimo señor Arzobispo, se ve que entra en los intereses espirituales y materiales de nuestra Congregación, aumentar el número de Hermanas en la ciudad referida y también, con el doble objeto de tener en proyecto una fundación en La Habana sobre la que se está trabajando y poniéndose de acuerdo los Prelados de la Isla.
En su virtud se suplica y aún se pide por favor, pero no se obliga, a todas las Hermanas profesas de la Congregación que se sientan animadas, se ofrezcan a ser trasladadas a Santiago de Cuba para aumentar aquella Comunidad que tanta falta tiene de personal y en donde tanto se puede trabajar para la mayor honra y gloria de Dios.
Espero la contestación de todas las Hermanas hasta el 12 del corriente, cada una en su esquela cerrada, que entregarán a su respectiva Superiora, la que, sin enterarse de dichas esquelas, me las remitirá.
La Hermana que no pueda escribir en esquela se valdrá del señor director de la Comunidad, que la extenderá en nombre de la Hermana. Se prohíbe, en virtud de santa obediencia, decir cosa alguna ni en pro ni en contra a ninguna Hermana sobre este particular, sino dejar que cada una siga los impulsos de su corazón por el movimiento de la gracia de Dios.
Esta gracia ilumine las inteligencias e inflame las voluntades de todas para que de todo resulte la mayor honra y gloria de Dios y santificación de las almas, como lo desea la que ama a todas en los corazones de Jesús y María. Su afectísima,
Madre Soledad Torres.




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