Carta 10: Madre Soledad a Madre Gracia Vinuesa sobre Pío IX
- amor que sana
- Sep 6, 2025
- 3 min read
Updated: Jun 7
A la Madre Gracia Vinuesa – 11 de febrero de 1878
Es esta la primera carta que aparece dirigida a la Madre Gracia Vinuesa. Es de agradecer la aportación tan rica y personal que hace esta Madre al epistolario de la Madre Soledad, así como el cuidado en haber guardado tan valioso material.
Basta leer cualquiera de estas cartas para percatarse de la gran estima que se profesaban mutuamente y de la confianza que reinaba entre ambas.
Era la Madre Soledad fidelísima en su amor y obediencia a la Iglesia y al Vicario de Cristo en la tierra, como se puede apreciar en el detalle de la posdata de la presente, en cuyas líneas se refleja la profunda veneración que profesaba hacia la persona de Su Santidad Pío IX y el sentimiento que la embargaba al tratar de la muerte de quien define como: “el más sufrido y caritativo, prudente y santo del siglo”. Con estas palabras sintetiza la reconocida grandeza de este Papa: prisionero del Vaticano, convocante del Concilio Vaticano I, proclamador de la infalibilidad pontificia y definidor del dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen.
Fue Pío IX quien otorgó la Aprobación Pontificia del Instituto con fecha 11 de julio de 1876.
J. H. S.
—
Madre Gracia Vinuesa,
Superiora de Valencia
11 de febrero de 1878
Sor Gracia:
Recibí la suya y, enterada de ella, vemos que la partida de esa joven puede pasar, puesto que los padres la nombran legítima, lo cual es lo más necesario para salvar la responsabilidad de los documentos que se han de conservar en nuestros archivos, donde deben constar con toda claridad la procedencia y demás pormenores de cada miembro de la Congregación. Por lo tanto, usted puede admitirla si no hay otro inconveniente.
Con respecto a la otra pretendienta recomendada y ponderada por don José Clavero, me alegraría que se verificase su entrada, pues creo que ese señor comprenderá el espíritu y la vocación que deben tener nuestras pretendientas. Ese señor es muy bueno y fervoroso; dele usted expresiones mías.
Al fin, el día 2 se realizó la instalación de las Hermanas en el Hospital Homeopático. Son cuatro Hermanas ahora, por no poder enviar cinco hasta que cesen un poco los pedidos. Estoy abrumada por ellos y tengo que esconderme de los compromisos que sin cesar llegan.
Creo que sería conveniente que usted escribiera al señor marqués de Núñez, dándole la enhorabuena por tener ya el gusto de ver en su hospital enfermos. Pienso, sin embargo, que lo suspenda hasta que yo le escriba con más detalle sobre los pormenores y demás cosas de allí, que están muy bien. Hoy no tengo tiempo.
El negocio que le decía y que usted desea saber no está escrito por ahora; conténtese sólo con encomendarlo al Señor.
Me alegro de que siga la obra de la casa y de que las Hermanas se animen a salir para la póstula, y que las otras ensayen la misa y un solemne Te Deum.
La joven que trajo don Julián está en Santander para pasar el tiempo de Postulante. Me parece buena chica y vino contenta y animada, junto con otra de Toledo y de cerca del pueblo de ustedes, que ya teníamos admitida, sobrina de un señor de los Escolapios, lego. Dio la casualidad de que se conocieron y se pusieron de acuerdo para venir juntas. También es buena chica. Cada vez tenemos más necesidad de personal.
Todas las postulantes, incluida Isabel Rivera, están asistiendo, pues los pedidos se conforman con ellas. Sólo los suscriptores atendemos.
Le extrañará a usted el papel de luto, que en memoria de nuestro santísimo Padre el Papa Pío IX dedico a la comunidad en la primera carta.
Reciban expresiones mías extensivas a esas y las consabidas, sin olvidarse del Padre Juan y de su señor padre, y ustedes del Padre y de esta que las abraza en Jesús y María.
Su afectísima Madre,
Soledad Torres

—
R. I. P. ¡Pío IX ha muerto! ¡Viva Pío IX!
—
Mis carísimas hijas en el Señor:
En este momento las contemplo a todas profundamente afectadas desde que supimos la desconsoladora noticia del más sufrido, caritativo, prudente y santo del siglo. Noticia que, como un relámpago, habrá corrido por todo el mundo diciendo: “El Santo Padre ha muerto”. Y nosotras diremos: “El Santo Padre vive y mirará por sus hijas desde el trono de gloria que el Santo de los Santos le tendría preparado en recompensa de su bello y sano corazón, por su constancia en el sufrimiento, sosteniendo como una fuerte roca los golpes de sus enemigos”.
Supongo que tendrán presentes los sufragios que el reglamento nos manda en este caso.
No puedo más.
Su afectísima Madre, Soledad Torres




Comments