Palabras que Sanan -ORACIÓN
- amor que sana
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La oración ocupó el centro de la vida de la Beata María Catalina. Más que un momento del día, era el lugar donde encontraba fortaleza, paz y la certeza de vivir siempre en la presencia de Dios. Sus palabras nos muestran que orar es abrir el corazón al Señor y dejar que Él transforme nuestra vida.
El deseo de estar con Dios
"El Señor me pone grandes deseos de estar a solas con Él."
"Señor, ahora nos recreamos Tú y yo."
"No hace falta libro alguno para orar. El Señor me da grandes deseos de estar a solas con Él."
Estas máximas nos revelan el profundo anhelo que sentía por encontrarse con Dios. Para la Beata, la oración no dependía de métodos o palabras elaboradas, sino del deseo sincero de permanecer junto al Señor, disfrutando de su presencia en el silencio y la intimidad.
La oración que sostiene la vida
"El Señor me ha privado de los pies y de las manos. Así totalmente impedida para las ocupaciones de la tierra, podré dedicarme del todo a la oración."
"¡Tengo tantísimo que hacer y dispongo de tan poco tiempo que sólo perdiéndolo ante Dios puedo llegar a todo! ¡Y qué bien debe hablar de Dios quien se pasa la vida hablando con Él!"
Incluso en la enfermedad, María Catalina descubrió una nueva forma de servir. Lo que parecía una limitación se convirtió en una oportunidad para dedicar más tiempo a Dios. Nos enseña que la oración nunca nos aleja de nuestra misión; al contrario, nos prepara para vivirla con mayor amor y entrega.
Una oración de abandono y confianza
"¡Oh Jesús del alma mía... toda a Ti me doy, Señor; haz lo que quieras de mí!... ¡Oh Tú, Voluntad Divina, cuán digna de mi amor eres!"
Esta hermosa oración refleja un corazón completamente entregado a Dios. La Beata nos recuerda que la verdadera paz nace cuando aprendemos a confiar plenamente en la voluntad divina, incluso en medio de las dificultades.

Orar por los demás
"Hoy, en nuestras oraciones, vamos a vaciar el purgatorio."
"Vamos a rezar para desagraviar al Señor por lo que le han ofendido."
Su oración nunca se limitó a sus propias necesidades. Rezaba por las almas, por la Iglesia y por quienes más necesitaban la misericordia de Dios. Su ejemplo nos invita a hacer de nuestra oración un acto de amor y de intercesión por los demás.
Permanecer simplemente ante Dios
"Yo no sé hacer la meditación y el examen. Durante todo ese tiempo, sólo sé estar ante Dios."
"Estoy como una hija en brazos de su padre, que, sin hablar, se entienden."
La Beata María Catalina nos enseña una de las lecciones más sencillas y profundas sobre la oración: a veces basta con estar en la presencia de Dios. Como un hijo que descansa en los brazos de su padre, el alma encuentra consuelo, confianza y paz sin necesidad de muchas palabras.
San José, ejemplo de recogimiento
"San José, amigo del Sagrado Corazón, concédeme
el recogimiento interior."
"El santo patriarca San José me ha concedido cuanto le he pedido."
Su amor y confianza en San José reflejan la certeza de que Dios nos regala intercesores que nos ayudan a crecer en la vida espiritual. En él encontraba un modelo de silencio, humildad y recogimiento.
Reflexión final
Las palabras de la Beata María Catalina nos recuerdan que la oración es un encuentro de amor que transforma el corazón. En medio del ritmo acelerado de la vida, su testimonio nos invita a redescubrir el valor del silencio, la confianza y la presencia de Dios en cada momento.
Continúa acompañándonos en la serie Palabras que Sanan, donde seguimos descubriendo la riqueza espiritual de la Beata María Catalina a través de sus enseñanzas y de su profundo amor a Dios.




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