Madre Soledad Sanjurjo: Modelo de vida y santidad
- Juan Lagoa.

- Apr 22, 2025
- 3 min read
Updated: Jun 6
La Venerable Madre Soledad Sanjurjo Santos (1892-1973) fue una religiosa puertorriqueña de la Congregación de las Siervas de María Ministras de los Enfermos. Dedicó su vida al servicio de los que sufren y necesitados, destacándose por su humildad, caridad y espíritu de sacrificio. Su labor se centró en brindar atención a los enfermos en sus hogares, siguiendo el carisma de su Instituto.
Desde niña, marcada por la orfandad, tuvo la experiencia de la caridad que le salió al encuentro y, con agradecimiento, supo reconocer el camino que Dios le proponía; convirtiéndose en un símbolo de superación. De joven, viva y entusiasta, despertó en muchas jóvenes la decisión de seguir al Señor por medio de la consagración religiosa. No solo vivía su vocación, sino que la daba a conocer y hacía reconocer. Veía la importancia que la entrega de la vida tiene; como religiosa, veía en ella la misma entrega de Cristo al prójimo.
Modelo de mujer caritativa, servicial y líder; asumió responsabilidades que le llevaron a ocupar oficios que antes no se les concedían a nativos, como es el caso de su superiorato como madre conventual y luego superiora provincial. Ello no estuvo exento de sufrimientos, pues los mismos marcaron un camino de superación. Fue criticada, calumniada y tomada en minusvalía; sin embargo, respondió con humildad, mansedumbre y gratitud. Tomaba para sí los sufrimientos de otros, comenzando con las propias hermanas de religión y continuando con las personas de la comunidad, desviviéndose por resolver aquello que bien sabía que podía prodigar.
Fue reconocida por su profunda vida de oración, por su vida escondida con Cristo en Dios. La faena, el descanso y la oración eran una misma cosa. Su amor por los pobres se manifestaba en los detalles que nadie conoce; como cuando a una familia en necesidad le suplía de lo poco que tenían para subsanar una necesidad que consideraba mayor. No hablemos de la capilla, la sacristía y las cosas del altar; para Dios, lo primero y lo mejor. Su entrega era total a Dios y a su santísima Madre. Esa semejanza con la Virgen de los Dolores, querida y venerada por todo el Instituto, en cuanto a ver el dolor del enfermo o moribundo y tener los mismos sentimientos que tuvo María junto a la Cruz de Jesús, eran muy patentes en sus asistencias, primero, y en las situaciones del Instituto, como fue la salida de las hermanas de Cuba, que luego ella supo transformar en fundaciones en la República Dominicana y en Puerto Rico. Segundo, en hacer de la asistencia una antesala al cielo. Allí, con el enfermo, el cuidador o el visitante, hacía patente la unión con Dios y el recibimiento de sus dones para el encuentro definitivo con Él.

Luego de morir en olor de santidad, su proceso de canonización se inicia en 2004 en la Arquidiócesis de San Juan. En 2019, el Papa Francisco la declaró Venerable, reconociendo sus virtudes heroicas. Podemos imitarla en su compasión hacia los enfermos, su disponibilidad para ayudar a los demás sin esperar recompensa, y su vida de oración y entrega a Dios. Su ejemplo nos motiva a servir con amor y generosidad, buscando siempre el bien de los más necesitados. La vida de la Venerable Madre Soledad Sanjurjo es una valiosa y siempre actual referencia para cada creyente de nuestro mundo, tan necesitado de buenos samaritanos que se detengan y se inclinen a servir a los hermanos heridos en las encrucijadas de los caminos.
Para concluir, y a propósito del Jubileo de la Esperanza, traigo a colación el #114 del librito Semillas de Santidad, que nos muestra cuán viva era la esperanza en el corazón de la Venerable Madre Soledad Sanjurjo, cuando dice a propósito de hablar con una superiora:
“¡Qué hermosa es la vida religiosa! ¿Verdad, Madre? Nos ayudamos cuando tenemos necesidad y luego también nos perdonamos las deudas materiales, lo mismo que perdonamos las ofensas recibidas, lo que nos hace pensar que el buen Jesús nos ha de perdonar las deudas contraídas con Él por nuestros pecados.”


Escrito por Juan Lagoa.




Comments