La Beata María Catalina vivió profundamente unida al corazón misericordioso de Jesús. Su oración y su vida fueron un reflejo constante del Evangelio, especialmente en la súplica de perdón y en el deseo de que los pecadores encontraran la salvación. Su manera de expresar la misericordia no se quedó en palabras, sino que se convirtió en una actitud de amor y entrega hacia los demás.